NO ES LO QUE PIERDES, ES LO QUE NO GANAS

NO ES LO QUE PIERDES, ES LO QUE NO GANAS

Es frecuente encontrarnos con personas que a lo largo de su trayectoria profesional han pensado en cambiar de puesto de trabajo, pero finalmente no han llegado a dar el paso.  Es más, en la práctica supera ampliamente el número de quienes no realizan el cambio, frente a quienes sí lo hacen. E, inclusive, de entre quienes han llegado a realizarlo, en gran cantidad de ocasiones ello ha venido motivado por un hecho forzoso y no por una decisión voluntaria.

Si bien lo anterior es estadística, lo realmente profundo del asunto es que entre las razones que más peso tienen a la hora de ahogar el anhelo del cambio, se encuentra la pereza de perder lo que ya tenemos (por mucho que lo detestemos), frente a todo aquello a lo que estamos renunciando por nuestro inmovilismo.

No es cuestión de romper amarras cada vez que nos surge una nueva idea, o estamos pasando un mal momento profesional, pero cuando una idea de cambio de puesto de trabajo permanece en nuestra mente más tiempo del adecuado, es hora de analizarlo a fondo, sopesar pros y contras, desarrollar posibles escenarios y determinar con objetividad si es factible y oportuno el abordarlo.

La mayor parte de las personas que han llevado a cabo este proceso y han cumplido su sueño, están plenamente satisfechas de haberlo hecho, siendo la frase más frecuente “lástima no haber dado antes este paso”.

En definitiva, si tu actividad profesional no te llena y es en ella donde pasas la mayor parte del tiempo de tu vida, no eches la culpa a los demás de dicho cautiverio, ya que realmente el carcelero/a eres tú mismo/a mientras no hagas todo lo que esté en tus manos para poder cambiarla.