08 Ene ¿DE VERDAD AYUDA TANTA AUTOAYUDA?
Basta con asomarse a la sección correspondiente de toda librería (física o virtual) y nos encontraremos con un ingente número de títulos de libros de autoayuda.
Hace unos años, que comenzó dicha moda, yo estaba entre quienes pensaban que como tal sería pasajera y quedarían para el recuerdo, como esos restos que quedan en la orilla de la playa tras la última marea.
Pero no, el tiempo ha ido transcurriendo y si bien ya la publicación de nuevos títulos no es tan profusa, lo cierto es que siguen apareciendo. No cabe duda que si se publican será porque alguien los compra, aunque desde la llegada de la autoedición es posible ver cualquier cosa publicada.
Dada mi profesión (transformada con el transcurso del tiempo en verdadera vocación) de consultor de gestión de empresas he comprado varios libros relacionados con la autoayuda, pero sin duda el que más me ha marcado ha sido uno que ni siquiera llegué a comprar. Lo tomé prestado en una biblioteca pública a la que asisto con la frecuencia que me resulta posible. Lo leí y me siento en deuda con su autor, siendo uno de mis propósitos de futuro el comprarlo.
Su título es ciertamente elocuente: “Los libros de autoayuda ¡vaya timo!”, siendo su autor Eparquio Delgado.
No voy a cometer la torpeza de destriparlo, dejando al potencial lector la responsabilidad de leerlo y sacar sus propias conclusiones.
En cualquier caso, desde este artículo de mi modesto blog no pretendo realizar un ataque en toda regla a este subgénero de la literatura, ni quiero trasladar la idea de que no sirven absolutamente para nada.
Lo único que hago es promover una reflexión colectiva sobre lo riguroso de unas publicaciones cuyo fondo es trasladar a cada persona la responsabilidad de triunfar en la vida, dando por sentado que si realmente queremos algo lo podemos alcanzar por nosotros mismos.
Expuesto de ese modo es una auténtica falacia, porque supone desdeñar las circunstancias a las que cada persona se enfrenta a lo largo de su vida, comenzando por el lugar en que nace, el seno de la familia en que se cría, el entorno social en el que se desarrolla, etc.
Y, por favor, no mezclemos lo anterior con aspectos incontestables como lo beneficioso que resulta el rigor, o lo adecuado de la cultura del esfuerzo. Aspectos que se abordan de manera recurrente en los artículos que conforman el presente blog.