02 May PRIMERO IMAGINAR, PARA LUEGO VER
Para ver lejos no es necesario abrir los ojos, sino imaginarlo en nuestra propia mente (OH! Consultor)
A quienes nos apasiona y llevamos en el ADN el tema de la planificación, no deja de sorprendernos la actitud ante ella de una mayoría de personas que lo consideran prescindible por la incertidumbre que nos rodea y, sobre todo, la velocidad creciente con la que se suceden los acontecimientos en nuestro entorno.
Interpreto que esta diferente visión de un mismo asunto tiene su origen entre quienes se plantean la planificación como adivinación del futuro (sus detractores), frente a quienes vemos en la planificación un esfuerzo por aunar el pasado, con el presente (en el fondo, experiencia) y a partir de ello realizar una extrapolación basada en el rigor y la prudencia a la hora de prepararnos para la creación de escenarios, selección de los más oportunos y, por último, apoyarnos en ellos para la toma de decisiones.
En definitiva, resulta lógico y comprensible que no la acometan quienes ven la planificación como la necesidad de tener que conocer lo que va a suceder en el futuro, para determinar lo que tienen que hacer en el presente.
A diferencia de lo anterior, cuando de manera continuada nos hacemos preguntas que no se hacen los demás, a la par que trabajamos en encontrar soluciones a aplicar a las mismas, no solamente tendremos a la planificación como nuestra mejor aliada, sino que en la práctica estaremos permanentemente mejor preparados que el resto para poder gestionar nuestros respectivos proyectos.
Esto es lo que diferencia a los visionarios de los meros gestores de empresas. Mientras los segundos se empeñan en abrir los ojos al máximo e intentar conocer todo lo que sucede alrededor para mover ficha (lo cual significa llegar tarde siempre), los primeros se esfuerzan en trabajar con su propia mente para imaginar un mundo futuro, del cual son sin duda sus principales constructores.