18 Jul TRANSICIÓN EMPRESARIAL
Cuando una empresa alcanza un tamaño medio-grande, normalmente la transición empresarial está asegurada ya que su estructura interna se encuentra preparada para ello.
Si hablamos de una persona que actúa como profesional libre, sea la profesión que sea, con la desaparición laboral de dicha persona acaba la actividad profesional que venía desarrollando.
Ahora bien, en el caso de las pequeñas empresas (con plantilla inferior a 25 trabajadores), la transición de la misma es realmente complicada, sobre todo en el supuesto en el que su propiedad (o la mayoría) recaiga en el socio fundador.
Y dicha complejidad a la hora de asegurar la transición que permita su continuidad tiene varios motivos:
- Que su líder, habitualmente su fundador, no haya delegado su conocimiento y, por tanto, no haya internamente quien le pueda sustituir
- Que el valor económico de la empresa haga muy difícil que la plantilla pueda adquirirla
- Que en la plantilla no haya personas con espíritu emprendedor que quieran cambiar su condición de asalariados
- …
Sea como fuere, la dificultad de asegurar la transición empresarial adecuada que permita su continuidad tiene una gran importancia en un país como el nuestro en el que este tipo de empresas conforman la gran mayoría del espectro empresarial.
Un ejemplo de ello lo estamos viviendo en los últimos años, especialmente en el mundo de los despachos profesionales, del comercio y de la hostelería. Despachos y establecimientos que tras muchos años de funcionamiento, contando con una clientela fiel y con resultados económicos que aseguran su viabilidad, se ven abocados directamente al cierre del mismo cuando llega la jubilación de su titular, o este ha tenido la desgracia de contraer alguna enfermedad que le aparta forzosamente del mundo del trabajo.
La proactividad no es precisamente una virtud hispana, siendo la acción reactiva la que caracteriza habitualmente la forma de proceder en el mundo empresarial (y en las actitudes individuales de la mayor parte de las personas). Y la continuidad exitosa de un negocio requiere de una transición empresarial planificada y organizada. Este tipo de procesos no se pueden improvisar y normalmente no permiten acometerlos a última hora cuando se presenta alguno de los motivos anteriormente descritos que suponen la salida del negocio de su líder, fundador y alma mater.
Desde mi punto de vista, el dar continuidad a un negocio que lleva años asentado en el mercado no se reduce a una mera cuestión de romanticismo por parte de su propietario, sino que es también un ejercicio de responsabilidad a la hora de seguir prestando un servicio que los clientes quieren seguir recibiendo, a los cuales nos debemos ya que siempre han sido la razón de ser y la causa del mantenimiento del mismo.