Author: Oscar

Cada cierto tiempo emerge en la sociedad una palabra, o una frase, que se hace viral y se repite hasta la saciedad, con independencia de que se trate de un concepto novedoso, o tenga ya una cierta antigüedad. Actualmente la que se encuentra en plena efervescencia es LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL, de la cual habla todo el mundo y se ha colado en nuestras vidas como si fuera de nuestra propia familia, grupo de amigos o colegas del trabajo. LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL (IA) no es precisamente nada nuevo, siendo habitual su utilización en procesos industriales o en informática, como herramienta de apoyo y de mejora de resultados.  Lo que ahora sucede es que nos hacen ver que la IA es algo que va a poder ser utilizada para la mayoría de las acciones de nuestro día a día, habiendo autores que han llegado a afirmar que podría venir a sustituir a un buscador del renombre de GOOGLE. En esencia se trata de una gran base de datos, a la cual se le alimenta de toda la información disponible, con la finalidad de hacer de la misma una experta en todos los campos. No hay día en el que no encontremos en los medios de comunicación...

Ya hemos rebasado el ecuador del corto mes de febrero, mes en el cual las estadísticas dicen que más del 90% de las buenas intenciones de cambio que tuvimos a principio de año se han desvanecido. Las causas por lo que esto sucede, de manera recurrente año a año, pueden ser diversas; tales como exceso de optimismo a la hora de planificarlas, abundancia de pereza y poca fuerza de voluntad, etc.  De entre ellas, quiero centrarme en este artículo en la prisa e inmediatez que como humanos pretendemos que los cambios se lleven a cabo. Casos como el aprendizaje de un idioma, o los cambios de hábitos en la manera de comer o de hacer deporte, son muy elocuentes sobre la forma en que se acometen y, fruto de ello, el fracaso en los resultados obtenidos. La clave del éxito para que consigamos el cambio, consiste en la constancia y el rigor hasta conseguir que se convierta en un hábito, a partir del cual es cuando realmente se empiezan a obtener los ansiados resultados esperados.  Pero es que, además, cuando lo hemos convertido en un hábito pasamos de que suponga un esfuerzo a que sea una verdadera satisfacción. De nuevo se puede ver...

Basta con asomarse a la sección correspondiente de toda librería (física o virtual) y nos encontraremos con un ingente número de títulos de libros de autoayuda. Hace unos años, que comenzó dicha moda, yo estaba entre quienes pensaban que como tal sería pasajera y quedarían para el recuerdo, como esos restos que quedan en la orilla de la playa tras la última marea. Pero no, el tiempo ha ido transcurriendo y si bien ya la publicación de nuevos títulos no es tan profusa, lo cierto es que siguen apareciendo. No cabe duda que si se publican será porque alguien los compra, aunque desde la llegada de la autoedición es posible ver cualquier cosa publicada. Dada mi profesión (transformada con el transcurso del tiempo en verdadera vocación) de consultor de gestión de empresas he comprado varios libros relacionados con la autoayuda, pero sin duda el que más me ha marcado ha sido uno que ni siquiera llegué a comprar.  Lo tomé prestado en una biblioteca pública a la que asisto con la frecuencia que me resulta posible. Lo leí y me siento en deuda con su autor, siendo uno de mis propósitos de futuro el comprarlo. Su título es ciertamente elocuente: “Los libros de autoayuda...

Todos los años, por estas fechas, nos embarga la misma sensación de la imparable velocidad del paso del tiempo. La velocidad del paso del tiempo no deberíamos medirla por la angustiosa sensación de que hemos consumido un año más (con lo que ello supone de resta a nuestro crédito vital), sino que debería ser un ejercicio de retrospectiva en el que poder repasar lo que realmente hemos hecho a lo largo del último año vivido. Festejar lo realizado no debe verse enturbiado por el desánimo de lo que no hemos acometido, ya que el nuevo año nos brinda la posibilidad de intentarlo de nuevo. En esas fechas navideñas que ahora empiezan, es posible encontrar un momento de relax para realizar el ejercicio anteriormente propuesto, al cual le incorporo la relectura (porque seguramente ya lo has leído antes), de uno de los textos más hermosos que (al menos para mí) jamás se han escrito.  El cual, si bien sirve para todos los ámbitos de nuestra existencia, cobra un especial interés si lo aplicamos al desarrollo de nuestra carrera profesional: EL VIAJE A ITACA (de Konstantino Kavafis). Espero disfrutes del mismo, a la par que te traslado mi más sincero deseo de paz y felicidad...

Aflorar tus inquietudes no asegura que logres superarlas, pero dejarlas dentro te garantizan su pervivencia (OH! Consultor) Si hay algo que caracteriza a los seres humanos y los diferencia de otros seres vivos son las inquietudes que fluyen de manera constante en su interior, las cuales invitan a alcanzar nuevas metas y, en base a ello, poder avanzar como colectivo. Tener inquietudes es un requisito imprescindible para iniciar los primeros pasos que nos lleven a perseguir nuestros sueños, si bien es cierto que el hecho de intentarlo no siempre es una garantía de poder lograrlo. En nuestro entorno es bastante habitual encontrar a personas que frenen las iniciativas de otros, bien por temor a lo desconocido, o por rechazo al esfuerzo y sacrificio que ello supone (por no citar la envidia que a veces genera el no ser capaces de tener ideas propias). En ocasiones esta dificultad que nos llega del exterior puede hacernos ver que es preciso analizar más a fondo los pasos a dar, pero nunca debe convertirse en un dique inexpugnable que nos haga desistir a la primera de cambio. Es sorprendente ver cómo un mismo hecho, como es intentar algo y no lograrlo, en ciertas culturas es un éxito por...

Cuando alcances un éxito profesional analiza a fondo qué personas de tu entorno han contribuido a ello (OH! Consultor) Si bien en principio pudiera parecer que es más complicado digerir un fracaso que un éxito, lo cierto es que en la práctica es justamente lo contrario. Un fracaso duele y nos hace pasarlo mal, pero si realizamos un análisis riguroso de lo sucedido lo más probable es que saquemos conclusiones que nos ayuden a ver en qué podemos mejorar, suponiendo un acicate a la hora de poder conseguir a futuro los nuevos retos que nos propongamos. Los éxitos nos colman de alegría, siendo habitual centrarnos en la manera de festejarlo y dejando a un lado la objetividad de lo sucedido.  Y no se trata de censurar dicho estado de satisfacción, pero tampoco es positivo dejar que ésta empañe la realidad ya que seguramente por ello no seamos capaces de discernir qué parte del éxito se debe a nuestro esfuerzo o acierto en el desempeño de un trabajo determinado, y qué parte se corresponde con la colaboración de terceros y, en definitiva, del trabajo en equipo. Porque salvo casos muy concretos, en la inmensa mayoría de los logros que alcanzamos hay detrás siempre otras personas...

Si mirándote al espejo no reconoces el/la niño/a que fuiste, siempre te perseguirá el/la anciano/a que serás (OH! Consultor) Hace años que la velocidad de los cambios es una constante, la cual sigue acelerándose de manera continuada. En muchas ocasiones, y sobre todo en el campo de la tecnología, nos preguntamos si tiene mucho sentido que los cambios sean tan radicales que no solamente dificulten poder seguirlos y adaptarnos a ellos, sino que además estos aparezcan sin que hayamos podido llegar a optimizar todas las utilidades del anterior. Como consecuencia de todo ello, nos encontramos con la desaparición permanente de antiguos oficios, creándose otros nuevos puestos de trabajo para los cuales resulta imprescindible una formación continua que nos capacite y permita contar con la necesaria empleabilidad a futuro. Pero todo ello choca con la tendencia natural del ser humano a acomodarse y a ir reduciendo el ritmo a medida que vamos cumpliendo años y, sobre todo, cuando nos mantenemos en el mismo puesto de trabajo. Si algo caracteriza a la juventud es la fuerza y la ilusión por conocer cosas nuevas, sin que nos pese apenas el esfuerzo que ello supone para poder alcanzarlas. Fuerza que va disminuyendo con el paso del tiempo, ante...

Ocupar tu adecuado lugar en el mundo laboral no es solamente cuestión de valor, sino también de dignidad (OH! Consultor) Es evidente que no todas las personas tienen la misma aptitud ante el desempeño de su faceta laboral en la vida.  Mientras que para algunas es únicamente un medio para obtener los recursos económicos que les permite subsistir, para otras es un complemento vital que influye en el equilibrio con el resto de facetas que conforman su existencia. Para este segundo tipo de personas, el esfuerzo, la preparación y la constancia es algo que tienen claro que deben aplicar en su día a día, siendo necesario además que tengan una adecuada dosis de valor para aplicarla en determinados momentos de su carrera laboral, sin la cual dejarán pasar oportunidades que no siempre están disponibles. Sumando todo lo anteriormente expuesto, es posible que ciertas personas alcancen los objetivos profesionales que se han ido marcando, entrando en juego en estos momentos otro componente no menos trascendente: la dignidad. A la vista de lo que ha venido sucediendo con este concepto en el transcurso del tiempo, resulta evidente que la palabra dignidad ha ido perdiendo la esencia que tenía en su nacimiento, fundamentalmente por esa argucia humana...

Para que los demás perciban lo que realmente eres, se requiere que previamente lo demuestres (OH! Consultor) El ser humano tiene una tendencia innata a buscar el camino más corto (y a realizar el mínimo esfuerzo) a la hora de alcanzar sus propósitos. Y si bien los atajos tienen su sentido y resultan prácticos en ocasiones, no siempre son la forma adecuada de actuar. Desde fuera es habitual ver la punta del iceberg y obviar la parte no visible del mismo, cuando es sabida la diferencia de tamaño de una respecto a la otra. En base a lo anterior, solemos fijarnos en la parte deslumbrante del éxito de terceras personas, sin detenernos lo suficiente en analizar el trabajo y esfuerzo previo que seguramente le ha supuesto para llegar al mismo. Consideramos, en no pocas ocasiones, que estamos minusvalorados y que nos merecemos mucho más de lo que nos ofrecen, sin que para llegar a dicha conclusión hayamos realizado un riguroso análisis de lo que somos y hacemos en base a lo que previamente nos hemos preparado, esforzado, etc. En definitiva, no debemos esperar que el reconocimiento ajeno venga de nuestro convencimiento sobre cuánto valemos, sino que muy al contrario éste llegará justo después de...

No te esfuerces por obtener la aprobación ajena, sino por conseguir la satisfacción propia (OH! Consultor) Es tristemente frecuente encontrarnos con personas que, si bien aparentemente han conseguido en la vida profesional todo lo que se han propuesto, albergan en su interior un vacío difícil de entender desde fuera. Se suele tratar de personas que se han esforzado al máximo, pero que se han ceñido a interpretar un guion preestablecido el cual ha sido escrito por terceros y, por tanto, no ha surgido de manera natural y espontánea de ellos mismos. De un tiempo a esta parte esto lo estamos viendo cada vez más en deportistas de élite, quienes desde fuera parecen seres excepcionales capaces de alcanzar lo que no podemos ni llegar a soñar el resto, pero que en la cúspide de su carrera se desmoronan, se hunden psicológicamente y se ven incapaces de continuar. Y esto no se da únicamente en deportistas de élite, ya que también se produce entre los mortales del montón que ocupan un puesto de trabajo que no resulta nada gratificante, lo cual aumenta de manera continuada su desazón y su hartazgo hasta perder la ilusión y afectar gravemente al resto de las parcelas vitales de su existencia. Habitualmente...